NOTICIAS

A medida que crece el protagonismo de la cuarta revolución industrial, el debate sobre cómo será el mercado de trabajo del mañana se intensifica y la incertidumbre se multiplica. ¿Qué ocurrirá en América Latina y el caribe? 

Para contribuir a este debate, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha publicado la serie El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe, a fin de buscar nuevos datos que permitan una reflexión en profundidad sobre estos temas, entre ellos los cambios para las profesiones de la salud y la educación, el impacto de la automatización laboral, el modo en que estas transformaciones impactarán diferencialmente sobre las mujeres o cómo construir un sistema de aprendizaje a lo largo de toda la vida. Porque, para poder anticipar los retos de esta nueva realidad, tal como lo plantea el BID se debe conjugar el futuro del trabajo en tiempo presente.

Según lo planteado por BID no se puede predecir cómo estos cambios impactarán en América Latina y el Caribe, pero sí es posible analizar las tendencias que ya se observan para anticipar cómo contribuir a aprovechar las oportunidades que presenta este escenario y minimizar los riesgos. Hay dos grandes tendencias subyacentes que van a impactar el futuro del trabajo: los cambios tecnológicos y el envejecimiento poblacional. Ambas se suman a los efectos de la globalización de bienes y servicios, y a los potenciales efectos del cambio climático sobre el mercado laboral, todavía indeterminados.

Se habla de la cuarta revolución industrial, porque las nuevas tecnologías están transformando el mundo del trabajo. Se trata de un tsunami tecnológico por la rapidez con la que los adelantos tecnológicos penetran en la sociedad y se expanden. También acelerado es el envejecimiento poblacional, sobre todo en América Latina y el Caribe. A Reino Unido le tomó 75 años doblar del 10% a 20% la proporción de mayores de 65 años en su población; a Francia y EE. UU. más de 60; en cambio, a América Latina y el Caribe le tomará en promedio apenas 30 años.

La cuarta revolución industrial anuncia, para algunos, el final del trabajo tal como lo conocíamos. Se trata de una transformación del tipo de ocupaciones y habilidades que son más demandadas por el mercado laboral, pero la rapidez del cambio pondrá a prueba nuestra capacidad de adaptación.

A efectos de sus impactos sobre el todavía imprevisible futuro del trabajo, no todas las tecnologías son iguales. Podemos distinguir dos tipos: las que pueden sustituir el trabajo humano, como las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y las llamadas tecnologías de intermediación, que suponen el surgimiento de plataformas digitales como Uber, Cabify o Airbnb.

Un reporte reciente identifica nuevas ocupaciones que están emergiendo en firmas que utilizan inteligencia artificial como parte de sus procesos productivos. Entre otros, estos trabajos incluyen desde ‘entrenadores’ para sistemas de inteligencia artificial, hasta ‘explicadores’ para comunicar los resultados de estos sistemas, y ‘sostenedores’ para monitorear el comportamiento de los sistemas, incluyendo su adhesión a conductas éticas. Todas estas ocupaciones no se conocían hace apenas unos años: su surgimiento se debe a la tecnología, en este caso de la inteligencia artificial. De hecho, la creación de nuevas tareas y ocupaciones fue responsable de la mitad de la creación de empleo en Estados Unidos durante el periodo de 1980 a 2010. Asimismo, la revolución digital está generando una enorme demanda por algunas ocupaciones y habilidades, como por ejemplo desarrolladores de software o habilidades de comunicación.

La otra gran tendencia tecnológica que está atrayendo especial atención es el surgimiento de plataformas digitales que conectan a los ciudadanos para realizar transacciones, son las tecnologías de intermediación, que juntan a oferentes con demandantes de servicios, reduciendo de manera radical los costos de transacción. Estos sistemas aceleran el crecimiento económico, por lo menos en el corto plazo. El efecto directo de esta tecnología es que, de alguna manera, se aumenta la cantidad de trabajo y el capital efectivo de la economía. Ese auto que no se usaba durante gran parte del día ahora puede ser un taxi. El departamento que no se utilizaba la mitad del año ahora puede convertirse en un alojamiento de alquiler. Alguien que tenía talento y no disponía de un mercado para desarrollarlo ahora puede ofrecer sus servicios a, prácticamente, todo el mundo. En definitiva, un mayor uso de capital y trabajo que antes estaban ociosos ahora puede tener efectos positivos en el crecimiento de los países.

¿Cuál es el impacto de estas tecnologías sobre las personas? Por una parte, eliminan las barreras de acceso al trabajo, lo que puede generar empleos para personas que requieren un alto grado de flexibilidad de horarios. Poder elegir dónde, cómo y cuándo conectarse puede ser muy atractivo para personas a cargo del cuidado de hijos pequeños o adultos mayores, tareas que tradicionalmente han recaído en las mujeres. También pueden facilitar la labor de adultos mayores o estudiantes que buscan empleos a tiempo parcial.

Por su parte, el envejecimiento de la población alterará dramáticamente los mercados de trabajo. En este nuevo escenario, habrá cambios en la demanda de bienes y servicios; principalmente, se modificará el tipo de ocupaciones más demandadas, ya que una de cada cuatro personas del mundo tendrá más de 60 años en 2100. Algunos ejemplos de ocupaciones que van a ser cada día más demandadas serán los servicios médicos, de cuidados y de atención personal a personas mayores, que abrirán oportunidades laborales para quienes se entrenen con el objetivo de trabajar en esos rubros. Las previsiones de demanda de trabajadores para Estados Unidos, elaboradas por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en inglés), apuntan claramente en la dirección de estas dos grandes tendencias. Se observa un impulso notable a las ocupaciones relacionadas con el cuidado y aquellas que tienen que ver con el uso de nuevas tecnologías. La experiencia de Japón, el país más envejecido del mundo corrobora esta previsión: durante el periodo de 2002 a 2016, la profesión que más creció fue la de servicios de cuidado de la salud.

En las últimas tres décadas, los países de la región prosiguieron su tránsito hacia economías de servicios. Entre 1990 y 2017, el porcentaje de ocupaciones agrícolas cayó en 6,7 puntos porcentuales en Brasil, 6,1 en México y 5,5 en Chile, respectivamente. También en Chile y Brasil (y en menor medida en México) hubo una clara caída de las ocupaciones asociadas a la producción manufacturera (3,1, 4,9 y 0,5 puntos porcentuales, respectivamente).

Hay también claras indicaciones de que las ocupaciones relacionadas con el cambio tecnológico y la demografía están incrementando su peso en la economía. Los técnicos en computación son la segunda ocupación cuya demanda más crece en Chile (1,6 puntos porcentuales), con incrementos sustantivos también en Brasil y México (1,1 y 0,5 puntos porcentuales, respectivamente). Asimismo, las ocupaciones asociadas al cuidado de ancianos y niños también ganan peso en estas tres economías (1,2 puntos porcentuales en Brasil, 0,7 en Chile y 0,6 en México).

Consistente con los datos agregados, ocupaciones como desarrolladores de software están incrementando su demanda. No es sorprendente, por tanto, que habilidades como las de desarrollo de web y herramientas digitales sean las que más se están requiriendo en las nuevas contrataciones. Sin embargo, no todos los trabajos orientados al desarrollo tecnológico están creciendo. Entre las ocupaciones que más se están contrayendo, encontramos consultores, especialistas y administradores de Tecnologías de Información, que responde a la tendencia de automatizar una parte importante de las tareas de estas ocupaciones. Estos datos, además de resultar llamativos, pueden indicar las primeras pistas acerca de hacia dónde se moverá la demanda de ocupaciones y habilidades en el futuro.

Cómo responda la región ante estas tendencias será clave para terminar de configurar el futuro del trabajo en América Latina y el Caribe. Identificando aquellas ocupaciones y habilidades que están siendo más demandadas y preparando a jóvenes y trabajadores adultos para las mismas, podremos asegurar que esta transición entre las ocupaciones del siglo XX y las del siglo XXI sea más suave. Así, el futuro del trabajo no está escrito, sino que es una realidad en construcción que dependerá en buena manera de cómo los estados, las empresas y las personas de América Latina y el Caribe se preparen para esta nueva realidad.

Diciembre 18, 2018