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Una mayor inserción y retención de mujeres en carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemática (STEM, por su sigla en inglés) no es sólo una cuestión de derechos, sino una forma de potenciar la totalidad del talento humano disponible en el país. Lograr que haya mujeres estudiando ingeniería, astronomía, ciencias y tecnologías, y luego ejerciendo estas carreras, es un desafío de país, y conseguirlo traerá múltiples beneficios a nivel económico, científico y cultural.

A los cinco años, si se le pregunta a niños y a niñas sobre personas inteligentes el tema del género no ocupa lugar. Sin embargo, a partir de los siete años ellas comienzan a sentir que las personas inteligentes no son de su género. Así es más o menos el resumen de una investigación hecha por la revista Science en el que se plantea una intensa pregunta: ¿Cuántas de estas erróneas imágenes tempranas pueden alejar a las niñas de carreras de ciencias o ingenierías?

A pesar del progreso en la apertura de nuevas oportunidades, las mujeres y las niñas continúan estando subrepresentadas en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Además de avanzar para que la juventud logre un desarrollo vocacional pleno, la importancia radica también en que el aumento de la participación femenina en la ciencia es clave para abordar los principales desafíos globales, como por ejemplo el cambio climático, sobre todo porque se contribuye a una mejor comprensión de los impactos de éste en varias comunidades, y porque ayuda a desarrollar una respuesta más eficaz y sostenible a la amenaza climática.

Las estimaciones de la UNESCO sugieren que solo alrededor del 35 % de todos los estudiantes matriculados en los sectores relacionados con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) son mujeres, en Chile esa cifra no supera el 30%. A pesar de la poca difusión, las mujeres han hecho contribuciones cruciales y vitales al mundo de la ciencia a lo largo de los siglos. Desde la astrónoma del siglo IV, Hipatia, hasta la matemática iraní, Maryam Mirzakhani, además de científica, médica y química farmacéutica china, conocida por descubrir la artemisinina antipalúdica, las mujeres han dejado, y continúan dejando, su marca especial en los campos de la ciencia y la tecnología.

Sin embargo, las mujeres siguen estando insuficientemente representadas en la ciencia y la ingeniería, lo que priva a la humanidad de un catalizador vital para dar forma a un futuro mejor para las generaciones actuales y futuras.  La participación plena y equitativa en la ciencia por parte de las mujeres y las niñas puede desempeñar un papel vital para garantizar la diversidad en la investigación, ampliar el grupo de investigadores talentosos y aportar nuevas perspectivas.

Según datos de INDICES (Consejo Nacional de Educación, 2018), el número de mujeres que ingresan a educación superior aumenta de manera constante, representan el 52,9% de la matrícula en 2018, pero tal como plantea el Informe Género, Educación y Trabajo 2018 de Comunidad Mujer, este crecimiento no se observa en las carreras de las disciplinas STEM, las que están altamente masculinizadas, consecuencia de un paradigma cultural que no se ha logrado erradicar. “Ese que consagra la división sexual del trabajo: hombre proveedor y mujer cuidadora, definiendo roles sociales, culturales y económicos prácticamente inamovibles, lo que marca un camino de desigualdades en el ciclo de vida de las personas”.

Un importante desafío para el crecimiento en el ámbito científico en Chile es garantizar una equitativa representación de género para asegurar un número suficiente de individuos y diversidad de perspectivas en Ciencia. Se ha calculado, que, si no se impulsa activamente las vocaciones científicas de mujeres, que este cambio ocurra en forma natural podría tardar 170 años. Se trata de hacer frente a las inequidades que reciben las mujeres durante su educación y que están relacionadas con menos oportunidades, pero son más evidentes cuando están relacionadas con el papel tradicional de las mujeres en el cuidado familiar y social, que se reparte en forma desigual.

De allí, la importancia de medidas como las implementadas por algunas universidades, que han impulsado los cupos de equidad. La facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile (FCFM) dio a conocer recientemente que logró superar el 20% promedio de mujeres que se matriculaban, alcanzado el 32% durante 2018. La instancia académica desarrolla desde el año 2013 el Programa de Equidad de Género (PEG), abriendo espacios a cuarenta postulantes que queden bajo el corte de puntaje para que ingresen a la facultad. En la actualidad ya hay académicas formadas en las mismas aulas en que imparten sus clases.

Son varios los estudios que confirman que equipos de trabajo y grupos de investigación logran mejores resultados cuando su composición es diversa, pues las distintas perspectivas y experiencias enriquecen el análisis y promueven la innovación.

 

Más información:
www.conicyt.cl/mujeres-en-ciencia-y-tecnologia 
www.lasninaspueden.com

 

Diciembre 14, 2018